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Él era un Leo...

Él puede ser ese viento fresco en un día caluroso; ese que danza entre las hojas de los árboles y acaricia la piel, refrescante brisa placentera e inexplicable. Juega recorriendo suavemente el mundo a su alrededor y, al instante siguiente, se transforma en una ráfaga feroz capaz de dejarte sin aliento, en un tornado que arrasa con todo a su paso.

Él se siente como el calor de una hoguera junto a la orilla, dulce y reconfortante, como los primeros rayos del amanecer. Es esa flama danzante que iluminará el camino, brillante y cautivadora. Pero también es volcán: fuego indomable que devora cuanto encuentra, una llama voraz que reduce a cenizas el mundo que la rodea.

Él es agua, es vida. Libre como un río que corre sin detenerse, siguiendo su curso hacia un mar inmenso y misterioso. Transparente en la superficie, profundo y oscuro en sus entrañas, pero siempre hermoso en todas sus formas.

Él es sendero y aventura; parece tierra firme, pero es un alma nacida para el movimiento que nunca permanece el tiempo suficiente para echar raíces. Es calma y tormenta, cielo e infierno. Es todo y nada a la vez.

Él es el mundo entero, demasiado vasto como para quedarse quieto.

...

P. D.: Esto es un recordatorio de que lo bueno tiene cosas que a veces parecen un caos, que no somos perfectos, pero, a pesar de ello, hasta ese caos tiene su lado bello; que nuestras caídas cuentan, pero la forma de levantarse, más. Así que, a pesar de ser un tornado en ocasiones y parezca que nadie nos entiende , no olvides que eres luz para alguien más, en algún momento la mía.

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