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Sostener una vela iluminando el camino de alguien es de las cosas con más empatía que podemos hacer, pero sostener la vela demasiado tiempo hace que la gente no busque su propia luz, entonces cuando la cera quema tus manos solo ahí te das cuenta de que la luz puede cegar ambos caminos... Miro hacia mis pies sintiendo el coraje en mis entrañas por no poder dar un solo paso adelante, por no tomar valor suficiente y emprender el viaje sin mirar atrás, por dejar apagar esa llama que arde dentro de mí, consumida en esa cera ajena.
Hoy "la calma", las palabras que no puedo decir, la versión que tanto he reprimido, cada pedazo roto que escondo bajo silencio, mis miedos y cobardía inundan mi garganta ahogando mis deseos y anhelos hasta llegar a mis ojos, escapando como pequeñas gotas de agua salada... Recorren mis mejillas como una suave caricia y caen al suelo donde tengo clavados los pies en este momento... Mis pasiones, mis alegrías, mi escritura, mi dibujar, mis plantas con hojas caídas, los chocolates y el café, no logro sentirlos, no me encuentro triste, incluso podría decir que nunca había estado tan centrada en mis deberes, como si el punto rojo en un tiro al blanco fuera lo único en mi campo visual, pasando desapercibido mucho de lo que consideré en algún momento especial o indispensable.
No me siento emocionalmente activa, solo estoy parada avanzando o viendo avanzar de forma automática, como si mi antiguo yo desapareciera entre esta inminente monotonía que yo misma propicié. Me mataba la idea de soltar la vela, de dejar en oscuridad a quien trataba de acompañar, pero me mata aún más ver las llagas que crea esa vela que sostengo con tanto fervor, cada pedazo de piel que se quema por sostener algo que no es mío, mientras observo que pasa desapercibido mi esfuerzo con un "yo no lo pedí".
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