pajarillo

"Él lo tenía todo. Sin embargo, tenerlo en mi vida era algo parecido a ser un pajarillo que no podía volar, y él era el cielo. Lo miraba desde abajo, con los pies muy bien puestos en la tierra, con sus días grises y soleados, a veces envuelto en tormentas entre rayos y centellas, y otras con una refrescante llovizna. De noche, estaba cubierto de estrellas y la luna brillante, o oscuro y silencioso... De cualquier forma, "era espectacular".

Y yo, siendo una pobre ave herida, lo miraba con nostalgia, sabiendo lo que era volar entre sus nubes, la satisfacción de sentir su viento recorrer mis alas. Pero un día de tormenta, un rayo (la realidad) lastimó mi ala, y decidí quedarme aquí abajo y poner los pies en la tierra, porque sabía que ese cielo no era exclusivo mío, y su libertad era tan extensa que no podía sentirla solamente en mis alas.

A pesar de ya no levantar vuelo hacia él, admito que lo he observado a distancia, y no pierde su encanto ante mis ojos, que siempre quedaron maravillados de sus variables cualidades, incluso cuando parece ser una inestable tormenta. Pero he dejado de querer volar ahí, y lo solté silenciosamente para no volver a salir herida, o peor aún, morir en la caída de soñar tan alto."


Comentarios

Entradas populares de este blog

Soledad

¿Cuanto tiempo, cuanta vida, cuanto de todo? E

asfixia...